HACE FALTA UNA NIVOLA

 


Hoy la raza humana requiere del tirón de orejas que Don Miguel de Unamuno le dio a las letras de su tiempo. Con frecuencia, se enlista una novela, un libro de cuentos u otro libro para la recreación mediante la lectura. Sin embargo, en su mayoría, se trata de libros que obedecen a ciertos paradigmas, a ciertas normas o reglas prefabricadas por intereses comerciales, más que editoriales o humanísticos. Tal vez esa ha sido la premisa para que, poco a poco, se comience a respirar una asolapada aversión a la lectura de obras de carácter verdaderamente literario. En realidad, caer en lugares comunes es lo más aburridor que puede existir si de actividad intelectual se habla. Además, es indudable que, sin distingos de ninguna clase, el ser humano anhela experiencias nuevas, vivencias edificantes, lecturas que conduzcan a las mismas puertas de los enigmas, del conocimiento y de las razones que susciten preguntas, que agiten profundamente y que no dejen en el lugar de siempre sino que impulsen al desciframiento de los más insondables recovecos del espíritu humano. En consecuencia, la sacudida debe tener las proporciones de un tsunami intelectual donde haya una crisis, donde no queden bases, donde se rompan los paradigmas de cuanto se escribe bajo parámetros preconcebidos. Es decir, donde el hombre se ponga en escena, no importa que, por el momento, no se llegue al fondo. Hace falta una nivola; Niebla, por ejemplo. Don Miguel de Unamuno tendrá respuestas a todos los porqués.

Enrique ALEGRÍA DULCAMARA    

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