Díganles que no lo maten. Enrique ALEGRÍA DULCAMARA. Phénix Éditions SAS
“Mmmm... Mmmm...
Mmm
Mmmm...
Mmmm... Mmm
Me siento
en un sillón y pongo el tocadiscos. La música suena y me transporta a miles de
universos. El color de la voz de la mujer que canta es tan claro y de una
tonalidad tan dulce, que me invita a perderme en sus intersticios y a tararear
con ella en una sola voz...
Mmmm...
Mmmm... Mmm
Mmmm...
Mmmm... Mmm
Pareciera
que la escucho, pero no. En realidad la estoy leyendo. Es la voz de Joan Báez
declamando un fragmento del poema de Pablo Neruda: “Alturas de Machu Pichu”. Su
voz refleja a la vez la nostalgia y el ánimo de la lucha. Una lucha hermanada
con la tierra, con la palabra y con el tiempo. Una lucha que se agita en la
sima de la memoria, buscando estremecer nuestra jaula, para sacarnos del
mutismo. En ese instante puedo presentir lo que me espera, puedo oler las
entrañas de esa aventura sin nombre, de ese encrespado viaje sobre las olas
muertas de la noche, en la que cualquiera puede ser protagonista. No es para
menos, acabo de embarcarme en la nave de Díganles que no lo maten sin que
Enrique Alegría Dulcamara me advirtiera lo turbulenta de su travesía.
Empiezo el
viaje con un terrible augurio: Alguien ha decidido matar” ...
(Líneas preliminares
del prólogo)
Yesenia Escobar Espitia. Magíster en Estudios Literarios Universidad Nacional de Colombia. Profesora de Temple University, universidad pública de Filadelfia, Estados Unidos


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