CONDORQUÍDEA
Mi ave milenaria,
con sus sienes
grises,
levanta su cuello,
y, con mirada de
cíclope,
despierta en tu
mano.
Con lento y firme
vuelo
se desliza entre tu
brazo y tu hombro.
Inventa palabras de
fuego,
las susurra a tu
oído…
Tu rosa profunda, de
sienes rubias,
Se abre, infinita,
vigorizando al sol,
Y derrama, sobre
mí,
A Venus, tallada en
lis,
Con aroma exclusivo
de flora universal.
Fénix y rosa
fundidos,
Rosa lúbrica,
Cuerpos
entrelazados,
Música teobólica....
Silencio cómplice y
plácido.
Enrique ALEGRÍA
DULCAMARA



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