EN DEFENSA DEL LIBRO
El objeto
libro, producto tecnológico defendido por muchas celebridades como Borges, ha
sido centro de polémicas relacionadas más con su soporte que con sus
contenidos. Por estos tiempos especialmente acelerados en varias esferas, no me
detendré en si es físico o digital. En mi caso, ya me estoy acostumbrando a los
PDFs de obras que no tengo al alcance de manera impresa; sin embargo, no dejaré
mi predilección por lo físico. En lo atinente a contenidos, debo confesar que,
frente a decisiones tomadas en altas esferas del gobierno colombiano, he
quedado mudo; lo cual no implica que no pueda manifestarme. En ese sentido,
aprovecho para sentar mi voz de protesta frente a la firma, por parte del
presidente, de la disposición que obliga al ministerio de cultura a publicar,
en seis tomos, la obra de Julio César Turbay Ayala. La publicación demandará
cifras superiores a los cincuenta mil dólares. En verdad, independientemente de
las pocas coherencias que se puedan encontrar en esa cantidad de páginas,
considero que la naturaleza, el libro y la sociedad colombiana no merecen
semejante ofensa a sabiendas de la existencia de tantas obras que no han visto
la luz por falta de recursos de sus autores. Abunda la bazofia en los anaqueles
de muchas bibliotecas como para seguirla cultivando.
Más allá de
aquella idea de Turbay de “la corrupción en sus justas proporciones”, vale
destacar esa que reza: “Nos han dejado un país al borde del abismo y hemos dado
un paso adelante”.
Enrique ALEGRÍA DULCAMARA
Bogotá, noviembre 24 de 2019


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